* Estados Unidos entregó a México 15 millones de pesos
El Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848, marcó el fin oficial de la guerra entre México y Estados Unidos (1846–1848), un conflicto que dejó profundas consecuencias territoriales, políticas y sociales para el país. Este acuerdo es considerado uno de los episodios más trascendentales —y dolorosos— de la historia mexicana.
Más de la mitad del territorio, perdido
Como resultado del tratado, México cedió más del 55% de su territorio, equivalente a aproximadamente 2.4 millones de kilómetros cuadrados. Entre las regiones perdidas se encontraban la Alta California y Nuevo México, territorios que con el tiempo darían origen a los actuales estados de California, Nevada, Utah, así como partes de Arizona, Colorado y Wyoming. Además, México reconoció oficialmente la pérdida de Texas, cuya anexión por Estados Unidos había sido uno de los detonantes del conflicto.
Nueva frontera y compensación económica
El acuerdo estableció al Río Bravo del Norte (Río Grande) como la nueva frontera entre ambos países. A cambio de los territorios cedidos, Estados Unidos entregó a México 15 millones de pesos y asumió el pago de reclamaciones económicas de ciudadanos estadounidenses contra el gobierno mexicano. Sin embargo, esta compensación fue considerada insuficiente frente a la magnitud de la pérdida territorial.
Derechos de los mexicanos en los territorios cedidos
Uno de los puntos más relevantes del tratado fue el compromiso de proteger los derechos civiles, religiosos y de propiedad de los mexicanos que permanecieron en los territorios anexados por Estados Unidos. Aunque este apartado fue incluido de manera formal, en la práctica muchos de esos derechos fueron vulnerados en los años posteriores.
Un parteaguas histórico
El Tratado de Guadalupe Hidalgo consolidó la expansión territorial de Estados Unidos hacia el Pacífico y significó la mayor pérdida territorial en la historia de México. Más allá de un acuerdo diplomático, el tratado simboliza un momento de debilidad nacional y continúa siendo objeto de análisis histórico, reflexión académica y memoria colectiva.
A casi dos siglos de su firma, este episodio sigue recordando la importancia de la soberanía, la diplomacia y las decisiones que marcan el rumbo de una nación.
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