sábado, 4 de abril de 2026

Cuando la austeridad se queda en el discurso


Primera parte
Por Miguel Ángel Cristiani G.

Hay frases que se repiten tanto en el discurso público que terminan convertidas en dogma político. Una de ellas es la promesa de austeridad. Otra, la de terminar con los privilegios del poder. Pero basta rascar un poco la superficie de la vida institucional para descubrir que, detrás de la retórica, siguen existiendo prácticas que recuerdan demasiado a los viejos vicios del sistema.

La reciente reforma aprobada en el Congreso de Veracruz sobre el régimen de pensiones vuelve a colocar en la mesa un tema incómodo: las llamadas pensiones doradas. No es un asunto menor ni meramente administrativo; es, en realidad, un debate ético y político sobre la congruencia entre lo que se predica y lo que se practica en las instituciones públicas.

En círculos académicos y políticos se comenta con insistencia que el rector de la Universidad Veracruzana, Martín Aguilar Sánchez, ha manifestado interés en permanecer en el cargo el tiempo suficiente para jubilarse con una pensión que rondaría los 120 mil pesos mensuales. De confirmarse esa cifra —que aún no ha sido desmentida con claridad— estaríamos hablando de un ingreso que supera incluso el salario de la gobernadora del estado, Rocío Nahle.

El dato, por sí mismo, provoca preguntas inevitables.

¿Es razonable que un funcionario público se retire con una pensión superior al sueldo de la titular del Ejecutivo estatal?
¿Es congruente con el discurso de austeridad que ha dominado la narrativa política en los últimos años?
¿O estamos frente a uno de esos casos donde la ley permite lo que la ética cuestiona?

Conviene recordar que las pensiones especiales no son un fenómeno nuevo en México. Durante décadas, distintos sectores del aparato público diseñaron esquemas de retiro privilegiados que terminaron generando desigualdades evidentes frente a la mayoría de los trabajadores. En muchos casos, estas jubilaciones se calculaban con base en los últimos sueldos —frecuentemente inflados— o mediante regímenes especiales creados a la medida de ciertas élites burocráticas.

El resultado fue una bomba financiera que hoy siguen pagando los sistemas de pensiones del país.

Por eso, cada vez que surge un caso de pensión extraordinaria, el debate rebasa lo personal y entra al terreno del interés público. No se trata de cuestionar el derecho de un trabajador a jubilarse dignamente; ese derecho está consagrado en la legislación laboral y es parte esencial del Estado social. El problema aparece cuando ese derecho se convierte en privilegio.

La universidad pública, además, tiene un papel particularmente delicado en este debate.

La Universidad Veracruzana no es una dependencia cualquiera del gobierno. Es una institución autónoma, financiada con recursos públicos, cuyo prestigio descansa precisamente en su autoridad moral, en su compromiso con la ética académica y en su capacidad para formar ciudadanos críticos.

Por eso, las decisiones que se toman en su interior no pueden medirse únicamente con criterios administrativos; también deben evaluarse bajo la lupa de la legitimidad pública.

En Veracruz, la discusión sobre las pensiones coincide además con un contexto financiero complejo. Los sistemas de retiro en el país enfrentan presiones crecientes por el envejecimiento de la población, el déficit de fondos y la desigualdad entre regímenes laborales. Mientras miles de trabajadores apenas alcanzan pensiones modestas después de décadas de trabajo, las jubilaciones de seis cifras inevitablemente generan indignación social.

No se trata de una reacción populista, como algunos intentan descalificarla. Es una reacción lógica frente a una percepción de injusticia.

En política, la legitimidad no se construye solo con discursos; se construye con congruencia.

Si la narrativa dominante del gobierno federal y de muchos gobiernos estatales ha sido la eliminación de privilegios y la instauración de una república austera, entonces esa lógica debería aplicarse también dentro de las universidades públicas y de todos los organismos financiados por el erario.

De lo contrario, el mensaje que recibe la ciudadanía es devastador: que la austeridad es para unos y la comodidad institucional para otros.

La transparencia sería el primer paso para disipar dudas. Si el rector de la universidad tiene derecho legal a una pensión determinada, lo correcto sería explicar con claridad los criterios, montos y fundamentos normativos que la sustentan. La opacidad solo alimenta sospechas.

Pero más allá de la legalidad estricta, el fondo del asunto sigue siendo político y moral.

Las instituciones públicas viven de la confianza social. Y esa confianza se erosiona cada vez que el ciudadano percibe que el sistema sigue reproduciendo privilegios en las alturas mientras predica sacrificios en la base.

En tiempos donde el discurso oficial insiste en que se terminó la era de los abusos y las prebendas, cualquier pensión que huela a privilegio se convierte inevitablemente en una prueba de coherencia para el poder público.

Porque en democracia la legalidad puede justificar muchas cosas… pero la ética termina juzgándolas todas.

Y cuando el retiro de un funcionario público vale más que el salario de la gobernadora, el problema ya no es la pensión: es la credibilidad del sistema entero.
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viernes, 27 de marzo de 2026

Veracruz: entre los millones anunciados y la transparencia ausente


Por Miguel Ángel Cristiani G.

“De lengua me como un taco”, decía con sabia ironía Pancho López, el filósofo xalapeño. Y no podría haber mejor sentencia para describir el entusiasmo oficial con el que se anunció, desde la Sala de Banderas de Palacio de Gobierno, la llegada de 17 proyectos de inversión por mil 186 millones de dólares y la generación de más de 22 mil empleos en Veracruz durante el primer trimestre del año.

En el papel, la cifra deslumbra. En el discurso, seduce. En la realidad… aún no alcanza para convencer.

Nadie en su sano juicio podría desestimar la importancia de atraer inversión privada. Veracruz, históricamente rezagado en competitividad frente a entidades como Nuevo León, Querétaro o Guanajuato, necesita dinamizar su economía, generar empleo formal y aprovechar su indiscutible posición geográfica estratégica. Eso es un hecho. Pero otra cosa muy distinta es pedir un cheque en blanco a la credulidad ciudadana.

Porque si algo le ha costado caro a este país —y a este estado en particular— es la opacidad disfrazada de buenas noticias.

El secretario de Desarrollo Económico, Ernesto Pérez Astorga, habla de 17 proyectos concretados. Bien. Pero no dice cuáles. Ni quiénes invierten. Ni en qué sectores específicos más allá de generalidades. Ni bajo qué condiciones. Ni con qué impactos ambientales o sociales.

¿Se trata de inversiones nuevas o ampliaciones de empresas ya instaladas? ¿Qué tipo de empleos se generarán: bien remunerados o precarizados? ¿Cuál es el plazo real de ejecución? ¿Qué incentivos fiscales o facilidades regulatorias se otorgaron a cambio?

Preguntas elementales. Respuestas ausentes.

Se nos dice que el 45 por ciento de la inversión está orientado al sector agropecuario, principalmente avícola. Esto, lejos de ser un dato menor, abre otra línea de análisis: ¿cuál será el impacto hídrico de estas inversiones? Veracruz no es ajeno a conflictos por el uso intensivo del agua, particularmente en industrias como la cervecera, refresquera o agroindustrial. Apostar por el crecimiento sin medir la presión sobre los recursos naturales no es desarrollo: es pan para hoy y crisis para mañana.

El discurso oficial insiste en conceptos atractivos: “justicia social”, “bienestar”, “prosperidad compartida”, “cuidado ambiental”. Palabras correctas, políticamente impecables, pero que requieren sustento verificable. Porque en política económica, lo que no se documenta, no existe.

Hay otro ángulo que no debe perderse de vista. Mil 186 millones de dólares suenan a una cifra extraordinaria, pero en el contexto de la inversión industrial global, es apenas una inversión mediana. Para ponerlo en perspectiva: una sola planta automotriz puede superar fácilmente ese monto. Es decir, no estamos ante una transformación estructural de la economía veracruzana, sino ante un conjunto de proyectos que, si bien positivos, deben dimensionarse con realismo.

Eso no los descalifica. Pero sí obliga a ponerlos en su justa medida.

Se destaca también que la inversión se distribuye en diez regiones económicas, con énfasis en Las Montañas, la región Capital y Sotavento. El discurso de la descentralización es correcto. El problema es que Veracruz ha escuchado esa promesa durante décadas sin ver resultados sostenidos. La historia económica del estado está plagada de anuncios que no se tradujeron en desarrollo equilibrado, sino en crecimiento fragmentado y desigual.

Y ahí radica el punto central: la confianza empresarial no se decreta, se construye. Y la confianza ciudadana, aún más.

La simplificación de trámites, la mejora regulatoria y el combate a la corrupción —también mencionados— son condiciones indispensables, pero no se acreditan con declaraciones, sino con indicadores, resultados y evidencia pública. Veracruz arrastra una larga historia de discrecionalidad administrativa que no se borra con buenas intenciones.

El gobierno tiene, sin duda, la oportunidad de marcar una diferencia. Pero para hacerlo necesita algo más que cifras espectaculares: necesita transparencia total.

Publicar los nombres de las empresas, los montos desagregados, los compromisos ambientales, los plazos de ejecución y los beneficios concretos para la población no es un favor, es una obligación en un régimen democrático. La inversión privada, cuando se maneja con opacidad, deja de ser motor de desarrollo y se convierte en terreno fértil para la sospecha.

Y en Veracruz, donde la memoria de promesas incumplidas sigue fresca, la sospecha no es paranoia: es experiencia.

Porque al final del día, el verdadero desarrollo no se mide en boletines de prensa, sino en la calidad de vida de la gente, en empleos dignos, en servicios públicos eficientes y en un entorno sostenible.

Todo lo demás es narrativa.

Y Veracruz ya está cansado de vivir de palabras.

Porque cuando los millones se anuncian sin transparencia, el desarrollo deja de ser promesa y empieza a oler a simulación.

martes, 24 de marzo de 2026

Plantas de tratamiento de aguas residuales, claves para la salud


Xalapa.- Las plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR) son una infraestructura esencial para la salud pública y el equilibrio ambiental, sostuvo el especialista Luis Fernando Sánchez Castañeda, durante el ciclo de actividades conmemorativas del 50 aniversario de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Veracruzana, región Xalapa.

Ante alumnos reunidos en el auditorio de la entidad académica, Sánchez Castañeda dictó la conferencia “Plantas de tratamiento de aguas residuales: contexto para diseño, construcción y operación”, donde definió a las PTAR como sistemas complejos de procesos físicos, químicos y biológicos cuya gestión es crítica, pese a que la contaminación representa solo el 0.1% de la masa del agua.

El objetivo, dijo, es transformar ese efluente en tres productos: gases (como el metano, con potencial energético), lodos residuales y, lo más importante, agua recuperada con calidad suficiente para su reintegración a la naturaleza o su reúso.

Enfatizó que con inversiones estratégicas y un cambio de mentalidad es posible elevar la calidad del agua para reutilizarla múltiples veces en procesos industriales o de limpieza, estrategia que no solo reduce el volumen de extracción de fuentes naturales, sino que mejora la eficiencia operativa de los sistemas urbanos, convirtiendo el tratamiento en un modelo de economía circular.

El experto, con más de 20 años de experiencia en el rubro, subrayó que, ante las exigencias de la NOM-001-SEMARNAT-2021, la tendencia (2025-2026) se inclina hacia el modelo Design-Build y tecnologías de vanguardia como reactores biológicos y membranas de ultrafiltración.

No obstante, advirtió que el cumplimiento de estos estándares requiere inversiones estratégicas y esquemas de financiamiento creativos que prioricen el mantenimiento preventivo para evitar el colapso de la infraestructura hídrica.

Al respecto, mencionó que existen pocos incentivos financieros para tratar el agua, por lo que el costo de las plantas de tratamiento privadas lo hace un tema conflictivo.

Finalmente, resaltó que la automatización y el control inteligente son las claves de la ingeniería hidráulica en México, pues el monitoreo en tiempo real de variables como el pH y el oxígeno minimiza costos y asegura el cumplimiento ambiental.

Con esta perspectiva, la Facultad de Ingeniería Civil reafirma su compromiso de formar profesionales capaces de resolver las crisis hídricas con innovación y rigor técnico.
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¡Ni las esferas del dragón estaban a salvo! 🐉😂


"Cuidado Goku, te quieren robar”… y no era broma. Un sujeto decidió sacar su “lado villano” y protagonizar un peculiar atraco en una plaza comercial de Zapopan, donde, armado con lo que resultó ser un arma falsa, se llevó figuras coleccionables de Dragon Ball con un valor aproximado de 20 mil pesos.

El intento de “misión secreta” no salió como esperaba. Aunque no logró reunir las siete esferas del dragón, sí llamó la atención de los verdaderos héroes del día: elementos de la Policía Vial de Jalisco, quienes lo interceptaron sobre la avenida López Mateos, a la altura de Tezozómoc.

Testigos aseguran que el sujeto actuaba con más confianza que Goku en modo súper saiyajin… pero sin poderes, sin ki y, claramente, sin suerte.

Al final, el villano de bajo presupuesto fue detenido y las figuras regresaron sanas y salvas, demostrando que en esta historia no hubo necesidad de invocar a Shenlong… porque la justicia llegó más rápido que un Kamehameha. 💥😅




SCJN avala extinción de fideicomisos y descarta violaciones constitucionales


La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió la acción de inconstitucionalidad 303/2020, promovida por un grupo de senadores, en la que se impugnó el decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 6 de noviembre de 2020, mediante el cual se extinguieron diversos fondos y fideicomisos públicos.

En sesión de Pleno celebrada el 17 de marzo de 2026, el máximo tribunal del país determinó que, en varios casos, el análisis quedó sin efectos jurídicos debido a modificaciones legislativas posteriores. Tal es el caso de disposiciones contenidas en la Ley Aduanera y la Ley Reglamentaria del Servicio Ferroviario. Asimismo, precisó que otras normas relacionadas, como la Ley de Hidrocarburos, la Ley de la Industria Eléctrica, la Ley Orgánica de la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero, y la Ley de Ciencia y Tecnología, fueron abrogadas, lo que también impactó el estudio de fondo.

Desde una perspectiva jurídica, la Corte concluyó que no se acreditaron violaciones sustanciales al proceso legislativo que ameritaran la invalidez del decreto. Señaló que el Congreso de la Unión actuó dentro de su margen de configuración normativa, sustentando la desaparición de estos instrumentos en una motivación ordinaria suficiente.

El Pleno subrayó que los fideicomisos y fondos públicos constituyen mecanismos auxiliares del Poder Ejecutivo Federal, por lo que su eliminación no implica, por sí misma, una transgresión a derechos fundamentales. En ese sentido, consideró que la medida representa un cambio en la forma de administración de los recursos públicos, sin afectar directamente a las personas beneficiarias.

En materia de gasto público, la SCJN reiteró que las decisiones legislativas deben cumplir con un estándar de razonabilidad. Bajo este criterio, estimó que existe una relación adecuada entre la reorganización de los recursos y los objetivos de fortalecer la transparencia y la eficiencia en su ejercicio.

No obstante, el tribunal constitucional enfatizó que las políticas de austeridad deben observar en todo momento los derechos humanos y el principio de progresividad. En consecuencia, aunque algunos fideicomisos estaban vinculados a la protección de derechos, el Estado mexicano mantiene la obligación de garantizarlos, ahora mediante esquemas presupuestarios ordinarios.

La resolución forma parte del control constitucional que ejerce la SCJN sobre actos del Poder Legislativo, consolidando criterios en torno a la gestión del gasto público y los límites de las políticas de austeridad en México.
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