Hay quienes pasan años construyendo una candidatura: recorren comunidades, buscan apoyo, conectan con la gente y finalmente ganan una elección.
Pero ganar no garantiza saber gobernar.
La campaña premia el carisma, la popularidad, la comunicación y la capacidad de movilizar. El gobierno exige algo diferente: tomar decisiones difíciles, administrar recursos públicos, formar equipos, planear, evaluar, corregir y entregar resultados.
La elección demuestra que la ciudadanía confió en ti; no necesariamente que estás preparado para gobernar.
Y al final, los resultados son los que hablan: servicios públicos, seguridad, agua, infraestructura y capacidad para resolver los problemas de la gente.
Por eso algunos persiguen el poder durante años y fracasan en apenas cuatro o seis.
Confundieron la capacidad para ganar una elección con la capacidad para gobernar.
La primera te lleva al cargo.
La segunda determina qué haces con él y cómo serás recordado.
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