En muchas colonias de México, los árboles que el municipio plantó hace años frente a las casas hoy se han convertido en un problema para los propietarios. Se trata principalmente de las especies Ficus microcarpa y Ficus benjamina, ampliamente utilizadas en calles y parques por su rápido crecimiento y la sombra densa que ofrecen.
Aunque durante los primeros años lucen estéticos y funcionales, especialistas señalan que estas especies son responsables de una gran cantidad de banquetas levantadas, tuberías dañadas y bardas fisuradas en distintas ciudades del país.
El principal problema no está en la copa del árbol, sino bajo tierra. El sistema radicular del ficus es superficial y altamente agresivo. Sus raíces se extienden horizontalmente y pueden alcanzar el doble o incluso el triple del diámetro de la copa, desplazándose cerca de la superficie en busca de agua. En su crecimiento, levantan concreto, adoquín, asfalto y pueden invadir tuberías de drenaje o cimientos de viviendas.
En la práctica, los daños suelen aparecer entre ocho y quince años después de la plantación. Para entonces, las banquetas frente a las casas presentan deformaciones o levantamientos que dificultan el paso. En algunos casos, las raíces penetran registros y tuberías domiciliarias, generando reparaciones cuyo costo puede oscilar entre 8 mil y 25 mil pesos, dependiendo del daño acumulado.
Un punto que suele generar inconformidad entre vecinos es que, aunque el árbol haya sido plantado por el municipio, la responsabilidad legal de reparar la banqueta o la tubería dañada recae en el propietario del predio.
Ante esta situación, especialistas recomiendan revisar periódicamente el área cercana a los registros de drenaje cuando el ficus tiene más de cinco años de crecimiento, así como verificar la distancia entre el árbol y los límites de la vivienda. Si se detectan raíces superficiales avanzando hacia bardas o banquetas, es importante consultar primero con la autoridad municipal antes de podar o talar, ya que en muchas ciudades intervenir árboles urbanos sin permiso puede generar sanciones.
Como alternativas para el arbolado urbano, se mencionan especies que ofrecen sombra sin desarrollar sistemas radiculares tan invasivos, como el pirul llorón (Schinus molle), el tepozán (Buddleja cordata) y el colorín o palo de Brasil (Erythrina coralloides). Estas especies se adaptan bien a climas secos y, plantadas a distancias adecuadas, reducen el riesgo de afectar la infraestructura urbana.
En muchas calles del país, el árbol que durante años brindó sombra y frescura ahora también representa un recordatorio de que la planeación del arbolado urbano puede tener consecuencias a largo plazo para las viviendas.
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