En cualquier sociedad que aspire a un desarrollo verdadero, hay tres pilares fundamentales que sostienen el bienestar colectivo: salud, educación profesional y trabajo digno. Sin ellos, el progreso se vuelve una promesa vacía. En el caso de Paso del Macho, la realidad es alarmante: ninguno de estos pilares se encuentra plenamente garantizado, pero el más urgente y doloroso es, sin duda, el de la salud.
Resulta inconcebible que en pleno siglo XXI un municipio con miles de habitantes no cuente con un hospital que cumpla con las normas oficiales para brindar atención médica adecuada. La falta de infraestructura hospitalaria no es solo una carencia administrativa; es una situación que literalmente cuesta vidas. En Paso del Macho, las emergencias médicas se enfrentan con incertidumbre, improvisación y, muchas veces, con un desenlace trágico.
Cuando ocurre un accidente, cuando una mujer embarazada presenta complicaciones o cuando un trabajador del campo sufre la mordedura de una serpiente o el ataque de algún animal ponzoñoso, la pregunta es siempre la misma: ¿a dónde acudir? La respuesta, lamentablemente, suele ser trasladarse a otros municipios, perdiendo minutos valiosos que muchas veces marcan la diferencia entre la vida y la muerte.
Las historias de pasomachenses que han fallecido mientras esperaban o recibían atención médica —en el lugar de los hechos, en consultorios particulares o en dispensarios médicos— se han vuelto parte de una triste normalidad. No debería ser así. Ninguna comunidad merece acostumbrarse a perder vidas por la ausencia de servicios básicos.
A esta situación se suma otro problema igual de preocupante: la falta de un cuerpo de bomberos capacitado y equipado. En emergencias como incendios o accidentes graves, la respuesta institucional resulta limitada, lo que incrementa los riesgos para la población.
La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿cuántos años más deberán pasar para que Paso del Macho tenga un hospital digno? ¿Cuántas muertes más serán necesarias para que este reclamo ciudadano se convierta en una prioridad gubernamental?
El municipio tiene condiciones suficientes para albergar un hospital regional que no solo atienda a sus habitantes, sino también a los de municipios cercanos como Atoyac, Carrillo Puerto, Tepatlaxco, Zentla y Camarón de Tejeda. Una obra de esta magnitud no solo salvaría vidas, también detonaría desarrollo, generaría empleos y fortalecería la atención médica en toda la región.
Los gobernantes suelen hablar de obras emblemáticas que marquen sus administraciones. Aquí hay una oportunidad clara y urgente. Construir un hospital en Paso del Macho no sería solo una obra pública; sería un acto de justicia social y de responsabilidad con la vida de miles de ciudadanos.
La población ya lo ha dicho con claridad: la salud debe ser la prioridad. Sin pretextos, sin excusas y sin más demoras. Porque cuando se trata de salvar vidas, el tiempo no puede seguir jugando en contra de la gente.
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