En febrero de 2013, el entonces gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, anunció con bombo y platillo el inicio de la autopista Córdoba-Xalapa, una obra que prometía cambiar el rostro de la conectividad en la zona montañosa del estado. La propuesta buscaba unir de manera más eficiente a la región industrial de Córdoba-Orizaba con la capital veracruzana, facilitando el tránsito, impulsando el comercio y reduciendo tiempos de traslado.
Sin embargo, con el paso de los años aquella promesa terminó convertida en un símbolo de lo que muchos ciudadanos recuerdan como una “tomada de pelo”. La obra quedó inconclusa y sin avances significativos al finalizar aquella administración, sumándose a la larga lista de proyectos de infraestructura anunciados con entusiasmo pero abandonados en el camino.
Hoy, más de una década después, el tema de la conectividad vuelve a aparecer en la agenda pública. Uno de los proyectos que nuevamente se pone sobre la mesa es la carretera que uniría a Paso del Macho con Cuitláhuac, una vía que partiría del kilómetro 44 y que permitiría reducir considerablemente los tiempos de traslado hacia Córdoba, Orizaba, el puerto de Veracruz y la cuenca del Papaloapan gracias al ramal de autopistas.
Más que un simple trazo en el mapa, esta carretera representa una oportunidad real de desarrollo para municipios que durante años han enfrentado rezago económico y escasez de empleos bien remunerados. La región cañera necesita inversiones, infraestructura y proyectos que impulsen su crecimiento, no solamente anuncios que se diluyen con el tiempo.
Además, la ubicación estratégica de Paso del Macho —donde convergen una de las principales rutas ferroviarias entre Veracruz y el centro del país y una de las primeras redes carreteras que conectan el puerto con Córdoba— lo convierte naturalmente en un punto clave de tránsito. Como ocurrió en el pasado con los carruajes, este municipio podría volver a ser paso obligado para miles de viajeros y transportistas que buscan llegar con mayor rapidez a sus destinos.
La pregunta inevitable es si esta vez el proyecto avanzará más allá de los discursos. La experiencia obliga a la cautela. Los habitantes de la región han escuchado demasiadas promesas que terminan en el olvido.
Ojalá que la reactivación de estas propuestas no sea solamente el “canto de las sirenas” ante la cercanía de procesos electorales, ni que repita la historia de 2013. Porque las comunidades de esta zona ya no necesitan anuncios espectaculares: necesitan carreteras reales, inversiones tangibles y resultados que se puedan recorrer, no solo prometer.
El tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.
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