domingo, 1 de febrero de 2026

¿Qué hay realmente en el agua de una alberca pública?


* Lo que los usuarios deberían saber

Con la llegada del calor, miles de familias acuden a albercas públicas para refrescarse. A simple vista, el agua puede parecer limpia, pero la realidad es que en estos espacios se acumulan diversos residuos que no siempre son visibles para los usuarios.

En una alberca concurrida se concentran sudor, saliva, restos de piel, bloqueador solar, cosméticos y pequeñas cantidades de orina, además de otros contaminantes orgánicos. Todos estos elementos se mezclan en el agua compartida por decenas o incluso cientos de personas.

El cloro se utiliza para desinfectar y reducir riesgos sanitarios, pero al reaccionar con residuos humanos puede formar compuestos químicos irritantes, responsables del enrojecimiento de los ojos, la irritación en la nariz, el ardor en la garganta y la resequedad de la piel tras nadar.

Aunque la mayoría de las veces la exposición no provoca problemas graves, ingerir agua de la alberca puede ocasionar malestar estomacal o diarrea leve, especialmente en espacios saturados donde el cloro tarda más en neutralizar microorganismos.

Especialistas recomiendan que la ciudadanía tome precauciones básicas, como ducharse antes de entrar a la alberca, evitar nadar si se está enfermo, no orinar en el agua, supervisar a niñas y niños y procurar instalaciones que mantengan un control sanitario adecuado.

Las albercas públicas son espacios de convivencia y recreación, pero también requieren responsabilidad colectiva. El agua puede verse limpia, pero mantenerla segura depende tanto del mantenimiento como del comportamiento de quienes la utilizan.

Cuidar la higiene es una forma de proteger la salud propia y la de los demás.
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